Que hacer si a tú perro le pica la oruga Procesionaria.

La toxina de esta oruga, más numerosa al acercarse la primavera, puede provocar la muerte del animal si no se actúa Mucho cuidado con la procesionaria. La oruga, que eclosiona en los pinos en primavera  y cada año avanza su presencia, provoca cada temporada graves problemas en perros que entran en contacto e incluso se tragan esta molesta especie de lepidópteros. Siguiendo unas recomendaciones básicas y una pauta de tratamiento se puede evitar que el perro sufra los estragos de la procesionaria. Las orugas de la procesionaria del pino, cuando están en su tercer estado larvario, desarrollan unos pelos urticantes con una toxina (Thaumatopina). Es justo en esta etapa cuando son más peligrosas para las mascotas. “No es necesario el contacto directo, porque cuando se sienten amenazadas pueden lanzar sus pelos sedosos al aire generando irritaciones y alergias a personas y animales”, destaca Maria Pifarré, veterinaria.  Es fácil identificar la época de proliferación de la oruga de la procesionaria. Es cuando se forman los bolsones característicos que acostumbramos a ver colgados en los pinos y descienden al suelo en vistosas filas indias. “Lo hacen al final del invierno pero, en los últimos años, y debido al cambio climático, cada vez aparecen más pronto como consecuencia del incremento de temperatura”, añade Pifarré, representante del Col·legi Oficial de Veterinaris de Barcelona. Entramos pues ahora en el momento del año en el que hay que empezar a estar atentos cuando vayamos a un bosque u otros espacios naturales con presencia de pinos.  Un ciclo con cinco fases larvarias  .  Una mariposa llamada ‘Thaumtopoea pityocampaes’     La procesionaria del pino es una fase del ciclo de la vida de una mariposa llamada Thaumtopoea pityocampa. Se le considera el insecto defoliador más importante en los pinos, cedros y abetos de España. En el tercer estadio larvario se convierten en orugas que desarrollan unos pelos urticantes con una toxina que se denomina Thaumatopina. En este momento es cuando forman los bolsones característicos que acostumbramos a ver en algunos pinos. ​En la última fase larvaria, en total son cinco, descienden al suelo en las características filas indias. La primera de la fila siempre es una hembra, y deja ir un hilo de seda que siguen todas sus compañeras, de forma que se protegen la cabeza unas a otras porque es la parte que pueden utilizar los pájaros como alimento.   Al final, se entierran en el suelo, acaban sus fases de evolución a pupa y a crisálida. Permanecen enterradas hasta el verano, cuando salen, se aparean y vuelven a comenzar el ciclo. Aunque el aspecto de la procesionaria parece frágil, su toxina (Thaumatopina) puede afectar no solo a los perros, sino también a personas, gatos y cualquier mascota que pueda salir al exterior. Las consecuencias Atentos a la lengua, labios, ojos, respiración..

Las consecuencias del contacto con la toxina dependen fundamentalmente de la parte del cuerpo que se vea afectada, de la cantidad de contacto y de la rapidez en realizar el tratamiento. La localización oral es la más frecuente, produciendo un cuadro de estomatitis que puede incluir glositis o inflamación de la lengua, y queilitis, que es la inflamación de los labios. En un primer momento el animal puede mostrar nerviosismo, degluciones rápidas y tocarse la boca con las patas. La localización oral es la más frecuente, produciendo un cuadro de estomatitis que puede incluir glositis o inflamación de la lengua, y queilitis, que es la inflamación de los labios. En un primer momento el animal puede mostrar nerviosismo, degluciones rápidas y tocarse la boca con las patas. “La lengua puede aumentar de volumen, se vuelve azulada debido a la dificultad del retorno venoso y, si no se hace nada, con el paso de los días el tejido puede llegar a morir, apareciendo áreas de necrosis, pudiendo llegar perder el tejido en un período de seis a diez días”, alerta  María Pifarré. Este cuadro de glositis produce dificultad al tragar. Por este motivo la saliva sale al exterior al no poder ser ingerida. Pueden llegar incluso a obstruirse las glándulas salivares, produciendo lesiones que llegan a ser complicadas de resolver precisando en la mayoría de los casos de cirugía.  Si el animal ingiere la oruga, se puede observar edema laríngeo, que puede comprometer la respiración, y alteraciones gastrointestinales como vómitos y diarrea.  En otras ocasiones, cuando el viento transporta los elementos urticantes, o cuando la oruga los lanza al sentirse amenazada, los afectados pueden ser los ojos. “Encontramos cuadros de blefaritis o inflamación de los párpados; y si los pelos entran en contacto con la córnea, vemos cuadros de queratitis ulcerativas o edemas corneales. En caso de que se vea afectada la conjuntiva, se producirá una conjuntivitis”, explica la veterinaria. Otros síntomas cutáneos pueden ser edema facial, prurito intenso y cosquilleo, que incluso puede aparecer en los propietarios por haber intentado abrirles la boca o explorarlos después de haber entrado en contacto con la toxina de la oruga. “La sintomatología a nivel general no es tan frecuente, pero si no se diagnostica y se trata pronto se pueden encontrar síntomas muy variados, como son fiebre, inflamación de ganglios submandibulares, convulsiones, inflamación sistémica generalizada, hemólisis, pérdida de hemoglobina por la orina, coagulación vascular diseminada, shock anafiláctico, temblores musculares, coma e incluso la muerte del animal”, advierte Pifarré. 

El tratamiento: qué hacer La medida más efectiva contra la procesionaria es evitar los paseos por zonas donde pueda haberlas, según subrayan los veterinarios. Bosques o espacios naturales con muchos pinos es mejor visitarlos en otra época del año que no sea el final del invierno y, sobre todo, la primavera.   Lavar con agua templada. Pero si aún así nuestro animal entra en contacto con algunas de estas orugas, lo primero que debemos hacer es lavar con abundante agua la zona afectada. La mejor forma es por pulverización, esparciendo el agua, ya que lo más normal es que no tengamos guantes a mano cuando salimos a pasear. El agua utilizada debería ser templada o caliente, ya que el calor desactiva la toxina. De esta manera conseguiremos eliminar posibles restos de pelos de la oruga que pueden permanecer incrustados en la piel o en las mucosas del perro.

No frotar la zona afectada Pero ¡ojo! No debemos frotar la zona afectada, porque entonces ocasionaríamos el efecto contrario, ya que romperíamos pelos de la oruga y se liberaría mayor cantidad de toxina.

Acudir al Veterinari@ Después de hacer un primer tratamiento doméstico, lo más recomendable es acudir al veterinario más cercano para poner en marcha el tratamiento de forma inmediata. “El pronóstico de esta intoxicación es reservado, aunque en la mayoría de los casos tenemos una evolución favorable. Todo depende del grado de afección y lo pronto que se diagnostica y se trata”, destaca Pifarré. Los animales que presentan urticaria y edema se suelen recuperar en solo 24 horas. Los que tienen estomatitis o glositis, necesitan entre 3 o 4 días para estar bien. Y si ya hay necrosis de la lengua, la vida del animal corre peligro y en algunos casos puede ser necesario practicar la eutanasia FUENTE: LA VANGUARDIA

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